jueves, 18 de junio de 2015

TINTERILLO



Don Anastasio Mendiola era por épocas de la colonia española un leguleyo reconocido en Lima, así, versaba de mucho conocimiento sobre temas legales, mas era su viveza criolla su mayor talento.

Don Anastasio no había sido favorecido al repartirse la belleza, pues era él bajo de estatura, entrado en carnes y más feo que maldición.

A pesar de ello, estaba enamorado locamente de Aurorita Villegas, una hermosa limeñita de veinte abriles, linda como la primavera, a la cual le triplicaba la edad.

Confiado en su conocido renombre, se atrevió a confesarle su amor a la mocita, la cual lo despreció riéndose cruelmente. El pobre sexagenario regresó a su hogar más encolerizado que abatido, jurando un día, hacerla su esposa.

Cuál no sería la sorpresa de la sociedad limeña al ver, a la semana siguiente, al viejo verde caminando orgulloso del brazo de Aurorita, su flamante esposa. La niña se derretía en cariños y alabanzas hacia su decrépito cónyuge. Lo atendía con todo el amor de la más devota esposa.

Todos, en Lima, indagaban  a este disparejo matrimonio sin encontrar alguna situación extraña en la pareja.

Mas al cumplirse el año de esta unión, Aurorita salió corriendo horrorizada y deshecha en llanto de la casa matrimonial para ya no regresar.

Su primo, Antonio Villegas, intrigado por este hecho, llegó a la casa de los esposos, ya muy entrada la noche, para encarar al tinterillo, pero al llegar, vio que éste salía presuroso. Lo siguió hasta un terreno baldío alejado de la ciudad y se escondió entre las sombras de los arbustos. 

A los cinco minutos, la tierra, delante del viejo Anastasio, se abrió, saliendo de ella un brillo resplandeciente y lenguas de fuego. Del hueco ardiente, emergió el mismísimo Lucifer que acercándose al tinterillo, le habló:

- "Que puntual sois Don Anastasio, ¿ya tan pronto queréis entregar tu alma?" dijo el diablo mirándolo burlón.

- "Un contrato, es un contrato vuesa merced cornuda, vengo a pagaros mi deuda entregando mi pobre almilla por este año inolvidable que me dio a cambio de ella" dijo el leguleyo comenzando a desvestirse.

- "No se desvistáis viejo que bien puedo llevármelo así vestido al averno" pensó el diablo regocijado en que el hombre despreciara tanto su alma, que la llamara almilla.

-" No es posible pagarle sino me desvisto" insistió el don, terminando de sacarse la última prenda, una camiseta vieja y zurcida la cual entregó al demonio que lo miraba sorprendido.

-"¿Qué le pasa vejete? ¿Está loco? ¿Qué haré yo con este harapo?" replicó acercándose para llevárselo.

- "Disculpe su diablesa, pero con esto queda saldada mi deuda con usted. Si lee el contrato que fue revisado por ambos y firmado con sangre, dice claramente que yo le entregaré mi almilla en un plazo de un año por los favores recibidos"

Hizo aparecer el contrato de entre sus dedos el molesto demonio y efectivamente decía que le entregaría su almilla a cambio. Se sabe que Lucifer a pesar de ser el ser más corrupto que existe, respeta y cumple con los contratos por almas, pues si no fuera así, nadie más se la ofrecería a cambio de favores.

Satanás tomó la vieja prenda a regañadientes y regresó por donde vino llenando de insultos y maldiciones al tinterillo que se vistió y regresó triunfante a su casa.

Detrás de los arbustos, Antonio, sonrió recordando que almilla se le llamaba a la camiseta interior que se llevaba debajo de las prendas diarias.

Regresó a la ciudad habiendo resuelto el misterio del matrimonio de Aurorita y sabiendo porque desde ese día los abogados no entran al infierno.