jueves, 18 de junio de 2015

VOCES




La lluvia caía insistente en diminutas gotas brillantes, el viento movía las ramas de los árboles haciendo que chocaran contra mi ventana no dejándome dormir. Me tapé hasta la nariz con las mantas, la humedad y el frío condensaban mi respiración formando nubes de vapor que salían de mi boca. 

La oscuridad era impenetrable, apenas mancillada por la luz opaca que entraba a través de la ventana empañada.


Los golpes en el vidrio evidenciaban la fuerza del viento que agitaba las ramas, pero, recordé, no existía ningún árbol cerca de mi ventana.

Me hundí aún más en la cama sin atreverme a mirar hacia la ventana, un escalofrío recorrió mi espalda y sentí mi frente crisparse humedeciéndose de sudor frío. En ese momento lo escuche, me hablaba al oído como hace muchos años antes: " Diego, acá estamos, nunca te dejamos, haz crecido"

Me sobresalte terriblemente, mi cuerpo se paralizó, abría la boca en un grito silencioso, mi garganta seca no emitía sonido alguno, mi corazón desbocado latía en mis oídos, miraba la puerta de la habitación buscando ayuda pero la veía alejarse cada vez más. Me senté en la cama haciendo el más grande esfuerzo: "ahora síguenos, nosotros no somos de los que debes temer". Un recuerdo infantil brilló en mi mente entre todo el cúmulo de emociones que se atropellaban en ella; siempre ocultándome de las sombras, no queriendo escucharlas, las voces buenas y las voces malas, siempre ganaban las buenas, las obedecía, este era el mismo caso, querían salvarme nuevamente:
"Vamos Diego, te alcanzarán, párate y síguenos".          

Me puse de pie siguiendo a la voz que insistía apurada. Salió por la ventana esperándome: "No pasará nada, es la única forma de salvarte".

Abrí la ventana saliendo por ella, mi cuerpo sintió el vacío al caer, el viento hizo volar mi cabello, el piso se acercaba mientras esperaba que ellos me salvaran. El sonido de mis huesos quebrándose me sorprendió, no lo esperaba; el sabor a hierro de la  sangre inundó mi boca, mi vista se iba nublando mientras cada vez más débil escuchaba: "ganamos esta vez".