sábado, 5 de septiembre de 2015

COMELIBROS



FIN – había terminado al fin todos los libros de la saga.  No podía creer que había finalizado mi historia favorita. Me sentía vacío. ¿Por qué no podía ser yo uno de ellos? ¿Por qué yo no podía tener esos poderes y vivir esas aventuras? Me sentí triste y abandonado. Había vivido su niñez y adolescencia con ellos. Yo mismo había crecido con ellos y sentía cada sentimiento que ellos tocaban en cada capítulo.


Quería seguir viviendo en ese lugar de ensueño, con castillos y criaturas, codearme con cada personaje que conocí desde niño. No podían dejarme así sin más. Me sentía uno más de la pandilla.


Mis padres y mis compañeros me veían como loco por vivir tan personalmente la historia pero yo así lo sentía. Tenía cada libro, poster, banda musical, y hasta ropa de los personajes. Nadie me entendía. Tal vez siempre seré un freaky para todos. 


La noche que cumplí 15 años, mis padres me celebraron una fiesta, como siempre, mis amigos me acompañaban y cada uno me tenía un regalo. Cada vez que me lo entregaban me decían cosas como: “Tal vez con esto dejes las historias fantásticas”, “Ya estás en edad para las chicas ¿no son mejores que las de tus libros?, “Ya hijo aquí tienes un nuevo libro, es de zombies ya que están tan de moda”. Sé que tenían buenas intenciones pero me mareaban con tanto comentario absurdo.  Mi tío, pasado de tragos, me empujó al tratar de abrazarme gritando beodamente “¡ahhh aquí está mi sobrinito nerd, el comelibros, seguro que tu novia tiene páginas en vez de melones!”


Con esto me saco de mis casillas y me levanté con la cólera que ya no contenía, fui hacia él con el ánimo de decirle sus verdades y sacarlo de mi casa, daba un paso delante de otro como una tromba pensando en cada palabra que le diría, estiré mi mano para agarrarlo del cuello de la camisa y antes de que lo tocara, mi obeso tío salió volando pegándose contra una de las paredes de la casa. Todos me miraron al mismo tiempo que una lechuza irrumpía por la ventana y me arrojaba un sobre sellado con una notita pegada en el, que decía “Mil disculpas por la demora”, al lado del sello lacrado de Hogwarts.