viernes, 11 de septiembre de 2015

MI AMIGA REGINA




* Por favor leer con la melodía adjunta.


Bajo las sabanas de mi cama, nos alumbrábamos con una pequeña linterna. En las paredes se reflejaban nuestras sombras que se movían mostrando nuestros juegos infantiles.


“Ten cuidado” – me decía Regina, mi amiguita – “ellos llegan sin avisar, de un momento a otro. Entran en tu cuarto y en la noche gimen y se quejan. Son pequeños como tú y yo”.
“Pero, mis padres me protegerán” – le decía yo con la esperanza de que así fuera.
“No, no lo harán, ellos no te creerán, pensaran que dices que te fastidia por gusto” – me explicaba mi amiga – “yo tuve uno en mi cuarto y no me dejaba dormir. Se retuercen y se lamentan. Su piel es suave y clara, como transparente y casi no tienen cabello, su cabeza es arrugada y solo tiene unos cuantos mechones de pelo. Son feos”.
“¿Y que hiciste para que se fuera?” – pregunté preocupada pues ya había escuchado los pequeños ruidos que indicaban su presencia cerca de mi dormitorio.
“Te lo diré y debes hacer lo que yo” – me indicó para ayudarme.
 

Esperé la noche preparada para la llegada de aquel ser que vendría a mi cuarto, lista con las agujas que conseguí del costurero de mi mamá y que mi amiguita me indicó debía clavarle en el cuerpo. También conseguí unas medias de seda para enrollar su cuello hasta que no hiciera más ruido.


Ya estaba en mi camita cuando escuche la puerta abrirse, esa bisagra esta vez sonó más fuerte de lo normal como anunciando su llegada. No volteé, me quedé echada de lado cubierta hasta la nariz. Sus pasos se acercaban a mi cama. Mis manos aferraban las agujas. Giré rápidamente y vi a mi madre a mi lado. Lo cargaba. Solté las agujas bajo las sábanas.


“Claudita, compartirás el cuarto con tu hermanito, no te fastidiará” – dijo mi madre con una voz suave y bajita.


Asentí con una sonrisa, lo dejó en su cuna durmiendo y se fue.


“Hazlo” – dijo Regina a mi oído – “es la única forma de que nunca más te fastidie, si lo dejas crecer será peor, ellos lo preferirán a ti. Por eso siempre fui hija única, hasta que morí”