lunes, 16 de noviembre de 2015

CASA

El Dr. Palacios me mira desde la ventana. Lleva, como siempre, su bata blanca y su lapicero en el bolsillito del pecho para escribir sus recetas.    

Lo miro desde mi lado de la casa mientras termino de cocinar. Lo conozco desde niña aunque mi familia no sabe mucho de él. Siempre lo he visto en ese mismo lugar, costumbres de viejo.

El no habla, solo observa lo que hacemos y no nos deja acercarnos. Lo hemos intentado pero se va rápidamente dejándonos sólo ver como vuela su bata al aire mientras se aleja. Tal vez un día sepamos más sobre él, aparte de que murió en esa habitación.

Voy al comedor de donde mi gato acaba de salir corriendo. Es de noche y la luz de la lámpara tiene el cuarto en penumbra. El vidrio de la vitrina los refleja. Pasan en fila, uno tras otro, los invitados están de luto eterno paseando su cuerpo etéreo de un lado a otro del lugar. Sólo a veces salen de ahí para cruzarse con uno por la casa. Es mejor ignorarlos para que no te miren con esas cuencas vacías y se queden a tu lado trayendo consigo el frío que con ellos cargan y hiela hasta la sangre de nosotros, los vivos.

El pasillo que une los cuartos y ambientes de la casa se me hace largo. Hay días, como hoy, en que los sonidos de pasos y golpes secos se oyen más claramente, pero es necesario pasarlo para llegar a mi dormitorio.

En cama al fin, hoy es una noche silenciosa en mi habitación. Quedo dormida con mis pensamientos y preocupaciones cotidianas.

Las 3 am, mi perro ladra como un chiflado despertando a todos en la casa, salgo a ver que pasa y lo veo correr como desaforado por toda la casa para terminar convulsionando debajo de la cama de mi hija.

La levantamos poniéndola a un lado para poder ayudarlo. Tiembla y babea hasta que se tranquiliza. La casa esta extrañamente fría y mi hija aun asustada me dice que Dexter entró corriendo seguido por una sombra negra que salió por la ventana hacia el tragaluz del edificio.  Esta debe ser desconocida pues el perro se dio un susto de muerte. Mis gatos y perro no quieren dormir y se sientan con nosotros en la sala esperando que ese frio y sensación de miedo pasen.

Me pregunto que sería tan fuerte para hacernos sentir miedo a nosotros y a los animales. Pasa el tiempo y regresamos a la cama a dormir. Una de mis gatas se sienta en la cabecera de mi cama, sobre mi cabeza, toda la noche como vigilando.

Amaneció sin novedades, sólo estamos aquel que respira y yo en mi dormitorio.
El nunca me deja, me ha acompañado en las amanecidas haciendo la tarea del colegio, durante los momentos de estudio para algún examen universitario y muchas veces en los insomnios por preocupaciones o penas. Siempre ahí, inhalando y exhalando sonoramente para que no me sintiera sola.

Cada día estoy más convencida de que debería cobrar por entrar a mi casa, aunque sea  en las noches de Halloween.




Relato presentado al Concurso de Relatos Cortos de la Comunidad Letras Malditas. Si desea ver este relato y los comentarios recibidos en el Blog de la comunidad, por favor click aquí: Letras Malditas - CASA