miércoles, 25 de noviembre de 2015

CAVILACIONES V : Esponja

Al fin terminé de cepillarme los dientes y mi madre dejó de exasperarme con sus gritos para que salga del baño.

Me desnudé entrando a la tina que previamente llené con agua tibia y mis burbujas del envase de Spiderman de mi hermano menor.

Mi cuerpo se hundió en el tibio líquido hasta la nariz. Era la gloria. Cerré los ojos para sentir la deliciosa sensación del agua tocando cada parte de mi cuerpo, cada leve movimiento hacia que ésta me acariciara formando pequeñas olas sobre mí.  La espuma cubría la superficie dando la sensación de estar en una nube, como estar en el paraíso, cosa que difícilmente yo conocería.

Me llené el pelo de espuma haciéndola correr por mi cuerpo  mientras lo limpiaba escuchando el opening de Bob  Esponja que mi hermano veía en su cuarto…”vive en una piña debajo del mar…Bob Es-pon-ja…”me puse a canturrear compulsivamente, lo mismo me sucedía con la canción de Barney, ¡maldito dinosaurio morado!

Al menos la canción de Bob me hizo recordar tallarme la piel. Tomé mi vieja esponja de baño, ya debía cambiarla, estaba deshaciéndose de tanto uso pero aun conservaba la suficiente grosura para cumplir su trabajo. La pasé concienzudamente por mi delgado cuerpo, tallé cada pliegue, depresión y relieve de él.  Froté mi rostro con ella, mi frente y los lados de mi nariz fueron los más rozados por la esponjita.

Aún conservaba el recuerdo de mi loco sueño con el cepillo eléctrico de dientes y las babas y mocos que aparecieron en él ¡qué repulsión¡ saqué la lengua asqueado por el recuerdo y me la tallé también, hundí la esponja hasta el fondo de mi boca para que limpiara toda esa sensación babosa que había recordado.  De pronto, la vieja esponja, resbalosa por el jabón, se deslizó por mi garganta, tiré de ésta para sacarla pero se rompió dejando un pedazo dentro de mí que seguía corriendo hacía mi esófago. Comencé a toser desesperado sintiendo el ahogo, también había cubierto mi tráquea. El airé ya no entraba a mis pulmones, por más que aspiraba y me agitaba no conseguía tomarlo. Salí de la tina resbalándome mil veces en el piso húmedo por la desesperación. Tosía frenético, comencé a meterme los dedos a la garganta para intentar el vómito pero solo conseguía hundirla más y deshacerla entre mis dedos. Mis uñas hirieron el interior de mi boca en los fallidos intentos, mi saliva caía por las comisuras de mis labios, sentía que me estallaba la cabeza y los ojos, mi pecho trataba de henchirse, de tomar aire de cualquier parte, agitaba los brazos y me golpeaba contra las paredes desesperado, no podía abrir el pomo de la puerta con mis manos jabonosas. No pensaba.

Sentí una sensación de quemazón en mi espalda, algo se desgarraba por dentro. Un líquido tibio llenó mi garganta, mis ojos se desorbitaban por la presión que le infringía a mi cuerpo tratando de expulsar la maldita esponja. Se me iba la vida. El miedo se apoderó de mí, el horror de morir en ese momento terminó con la poca cordura que me quedaba.

Mis manos y uñas comenzaron a desgarrar mi propia garganta en la desesperación de sacar aquel cuerpo extraño de mi interior. Jirones de piel llenaron mis uñas ensangrentadas. Mi tos era una emanación de sangre y pedazos mínimos, casi imperceptibles, de esponja que caían como hilos escarlata sobre mi cuerpo y salpicaban las paredes y objetos del baño. Tomé las pequeñas tijeras de uñas de mi madre y las clavé en mi cuello, las hundí intentando llegar a mi tráquea, me hice un corte abriendo mi piel como una nueva boca la cual vomitaba el vital liquido más rápido aún, metí los dedos por ésta tirando de mi piel, desollándome vivo sin conseguir llegar al objeto que me ahogaba. Mis pulmones reventaban en pequeñas porciones. La sangre se abría paso por mi nariz y mi boca. Era un espectáculo dantesco.

Caí en el piso, en un charco de mi propio liquido vital, mi cuerpo era una catarata de sangre y coágulos, mi cuello desollado mostraba los pedazos de piel arrancada colgando sobre mi pecho  en un vano intento, mis amoratados labios casi no se veían por el torrente sangriento que emanaba de mi interior, uniéndose a mis fosas nasales que cumplían la misma función. Abrí la boca lo más que pude preparado a que estallen mis ojos en mi última exhalación de vida, cuando mi hermanito abrió la puerta de un golpe y con una exclamación de alivio comenzó a orinar en el inodoro. Me mojé la cara para despertarme de la siesta que acababa de hacer en mi tibia tina, mientras Bob Esponja seguía cantando sobre su piña debajo del mar.



*Si desea leer sobre el suceso con el cepillo eléctrico, pase por aquí: Cavilaciones IV: Cepillo Eléctrico


*Este relato es la  primera Cavilación a pedido que me hizo mi nueva compañera de celda, la querida y recién estrenada chiflada: Soledad Gutierrez

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