domingo, 27 de diciembre de 2015

EL SACO


Y llegó con su traje rojo y gran sonrisa.

Soltó el gran saco que llevaba a la espalda, el cual cayó con un sonido seco.

Vio mi mirada curiosa, tomó la base del saco y derramó su contenido en el piso de mi sala.

Brazos, piernas, manos y pies mezclados con tripas y toda clase de vísceras ensangrentadas aun se sacudían sin parar.

No pude correr, su mano me atrapó del cabello y su pútrido aliento se hizo sentir en mi nariz y mi oído: “Antes de que te des cuenta, sólo serás una mancha de sangre en mi barba”.