jueves, 11 de febrero de 2016

LA CHICA DEL CALENDARIO

Un día más amanece frío, el café de la mañana del pequeño restaurante me despierta de mi modorra. Miro como el vapor caliente que sale de la taza se va elevando hasta unirse al vaho de mi aliento. Sigo la estela de aquel vapor húmedo que rebota contra la pared, contra su foto. La chica del calendario me mira fijamente, femenina y coqueta.

Sus ojos me envuelven en un mundo inexistente, donde ella se fija en mí. Su espalda desnuda me indica el camino al cielo y sus labios rojos la entrada a él. Le devuelvo la mirada, como lo hago diariamente y termino  mi café mientras admiro su figura estampada en el papel que cuelga en la pared.

Hora de ir a la oficina, dejo el pago sobre la mesa dispuesto a irme y salgo por la puerta giratoria.

- “¡Pero qué torpe! Disculpe señorita, no la vi, iba distraído, no se agache, yo recojo sus cosas”.
- “Muchas gracias caballero, no se preocupe, ya no hay muchos hombres que se detengan a disculparse”.        
- “¿Un café?....por mi torpeza”
- “Bueno…solo si no le quito tiempo”
- “No, no, por favor…….”

Le cedí el paso a la entrada de la pequeña cafetería y pasó delante de mí. La miré boquiabierto y ella me miró una vez más tal como lo hacia a diario desde la pared, pero esta vez, me sonrió.