jueves, 23 de junio de 2016

ALONDRA

Alondra, ave de invierno. Mirando a través de las ventanas del castillo, la nieve cae en copos que el viento lleva hacia algún otro lugar no muy lejano. El canto de aquella ave llena la noche más oscura del mes, las flamas de la chimenea bailan como en el averno mientras alumbra los muebles y cortinas de terciopelo rojo dándoles una tonalidad sangrienta.

Camino de un lado a otro inquieto, preocupado, impaciente. Las alfombras son testigos de mi andar incesante.

Un grito desgarrador rompe el espeluznante silencio, me adelanto rápidamente por el pasillo mientras las bailarinas sombras, que danzan al compás de las antorchas inflamadas, me rodean por el largo corredor.

Abro la puerta de la habitación en penumbra de donde los gritos y gemidos provienen. El charco de sangre en el suelo salpica alrededor cada vez que lo pisan. Las sábanas de la cama ensangrentada están en completo desorden, sus manos las estrujan por el esfuerzo y el dolor se refleja en su pálida faz.

Me acerco a acariciar su cabello negro, húmedo de sudor, que se pega a su rostro.

Otro grito me ensordece mientras aprieta mi mano y yo acaricio la suya dándole valor. El galeno casi invisible entre sus piernas y paños pide el último esfuerzo.

El agudo llanto nos sorprende y nos miramos a los ojos, ella me mira con ese amor endemoniado que nos une, yo le correspondo con el brillo infernal de mis pupilas.

El matasanos me entrega a la pequeña envuelta en oscuros mantos de encaje, los mismos que me acogieron a mí al nacer. La miro por primera vez, sus oscuros y grandes ojos penetran hasta mi alma o lo que queda de ella. Su piel, tan blanca como la de su madre, resalta los rojos labios de su pequeña boca y suaves rizos negros enmarcan su perfecto rostro. Miro a Eleonora, su palidez natural resplandece como la luna llena al entregarle el fruto de nuestros encuentros más perversos.

Mis dos mujeres se abrazan, una envolviendo a la otra en sus brazos. Besa sus labios inmaculados con su boca de rosa. La nueva madre me mira y sonríe complacida. Sus bellezas compiten sin poder decidir por alguna.

- “El verano terminó, llegó el invierno, ella llegó con éste, como aquella ave que es la única que canta en esta época, como será la única que entrará a mi podrido corazón acompañando a quien la llevó en su vientre.
Alondra será su nombre, como el ave invernal, oscura como el plumaje que la cubre y sin ningún rastro del verano que pasó” -